lunes, 20 de abril de 2015

De las promesas de Tarek

La piedra en el zapato, azote de huleras y culebros.


Por Manuel Ábrego.

El cartón de Ábrego
   En la guerra, el amor y las campañas políticas, todo se vale. Y las promesas son parte de ese todo.
    A la hora del combate, se le puede prometer a los contrarios respeto a su  modo de vida, aunque a la hora de ganar se les den muchos modos de muerte.

     A la chava, en el amor, hay quienes le prometen bajar el sol, la luna y las estrellas, y a la hora de la hora lo que les bajan es otra cosa. En política, por lo consiguiente. A los de la costa les prometen que mejorará la pesca, y a los de tierra adentro que les traerán una siembra que los hará ricos.

    Éso sí, hay promesas que se las traen, como la idea que sale en el periódico extraoficial y al mismo tiempo priísta de Veracruz, de que Tarek Abdalá Saad va a impulsar la siembra de unos arbolitos de flores rosas que solamente sirven para alegrar la vista.

    ¡Válganme las once mil vírgenes, de las cuales ninguna es de Tres Valles! Es cierto, hay que hacer promesas para ganar el voto, pero al menos que sean de siembras que dejen algo de comer y que sean comercializables, para ayudar a la economía golpeada por la dictadura tricolor.

     De lo de Alvarado, donde se habló de reactivar la pesca, puede ser posible, si se habla con el Divino Maestro, que vaya a esa ciudad y puerto bellísimos, y realice otra vez el milagro de la multiplicación de los peces, aunque entre ellos haya de los gordos. Ya los separaremos.

     Y como cuchillitos de palo, machacaremos con la misma duda: ¿Porqué el buen Tarek cuando era el dedo chiquito del gobernador, no hizo todo lo que promete ahora? Estaba cerca del señor, del dinero y del Congreso Local, pero más cerca estaba de los procesos administrativos.

   No hubiera batallado como nos pasa a los comunes y corrientes a la hora de bajar un proyecto. Por cierto, el rancho de su familia que está pegado a la unidad de la papelera en esta ciudad, está quedando precioso con esa remodelación.


     Lógico, ellos son gente muy trabajadora, ahorrativa y saben invertir su dinero. Y saben cuándo hacerlo. ¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Enséñame, a invertir / cuando inviertes tú”.

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