La piedra en el zapato, azote de huleras y culebros.
Por Manuel Ábrego.
Para quienes no son como un servidor, de la pelea pasada, les contaré cómo resentimos los comunes y corrientes la primera devaluación de los tiempos modernos.
| El cartón de Ábrego |
Ya había habido otras, pero la de septiembre del setenta y seis con Luis Echeverría nos agarró comiendo moras. En agosto anterior el dólar se pagaba a doce pesos con cincuenta centavos, un refresco costaba cuarenta y cinco centavos, el autobús cobraba a México setenta pesos desde Tres Valles.
El presidente pelón nos salió con que el peso “flotaba”, pero nuestra economía se hundió. No se sabía cuánto se iba a cobrar de intereses en una compra a crédito, los comerciantes reetiquetaron su mercancía, pues como hoy, de tontos vendían la mercancía vieja al precio viejo y la nueva al nuevo.
No, ellos reetiquetaron parejo en su beneficio y en detrimento del Pueblo que se hundía, y que como el día de hoy, pagaba el pato, fuera cenizo, ancho, arrugado, sucio, etc. El Pueblo pagó. Aquellos que tenían depósitos bancarios en dólares, recibieron pesos al precio que quisieron los banqueros.
Peor les fue a los mortales que tenían deudas en dólares, algunos fueron al frescobote, otros se suicidaron, la mayoría se arruinó. Y los que guardaron celosamente un dinerito por años, se encontraron con que sus ahorros cada día valían menos, al grado que cien mil pesos se convirtieron en cien.
Aclaro, la gran mayoría en el Congreso eran priístas, de modo tal que aplaudieron las devaluaciones de Echeverría, de López Portillo, las de De Lamadrid, las de Salinas y las de Zedillo Ponce De León. Nunca les importó el Pueblo, que hoy sobrevive sub empleado o con salarios insuficientes.
Lo malo es que si elegimos diputados tricolores, el asunto seguirá, pues ya empezó de nuevo con Peña Nieto, y no hay modo de reducir el gasto público, pues las Fuerzas Armadas siguen contratando gente que no da ganancias por razón natural de su oficio, pero sí ocasiona gastos en nuestra seguridad.
Aparte, hay diputados plurinominales, organizaciones paraestatales, otras dependencias que podrían eliminarse, pero nadie investiga la forma de hacerlo, por lo que el Gobierno gastará siempre más de lo que gana. Si le agregamos lo que se llevan las campañas políticas, mejor ahí lo dejamos.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Si te doy un peso, me tienes que dar dos”.
Aparte, hay diputados plurinominales, organizaciones paraestatales, otras dependencias que podrían eliminarse, pero nadie investiga la forma de hacerlo, por lo que el Gobierno gastará siempre más de lo que gana. Si le agregamos lo que se llevan las campañas políticas, mejor ahí lo dejamos.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Si te doy un peso, me tienes que dar dos”.
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