La piedra en el zapato,
azote de huleras y culebros.
De las medidas
desesperadas.
Por Manuel Ábrego.
Como institución el Ayuntamiento de
cualquier lado debe de responder por las acciones de todas las comunas que
hayan desfilado desde su creación, aunque después se deslinden
responsabilidades.
En el caso de nuestro Tres Valles, la nave
se hundía y si bien algo hay que hacer para que los causantes del naufragio
respondan, de momento había que eliminar las causas de la caída.
Juan Manuel Maus y Carlos Córdova Morales
recurrieron al trabajo de cada colaborador de quince por quince, para ahorrarse
algunas quincenas, o a rebajar los sueldos, menos los propios.
Ante la única oposición del regidor panista
Sergio Capetillo Contreras y para quedar bien con el entonces gobernador Lic.
Fidel Herrera Beltrán, Maus y los restantes ediles, incluso el perredista Rudi
Guzmán Contreras aprobaron endeudar al municipio con la Bursatilización.
Hoy se pagan doscientos cincuenta mil
pesos mensuales y no hay para cuándo. Porque Maus quedó bien una vez, se
dejaron de construir aulas, casas de salud, y siga usted con la cuenta. Si es
usted amigo de elucubrar, imagine quién se benefició con los intereses de la
Bursatilización.
Por el estilo están los impuestos que se
dejaron de pagar para ayudar a la de por sí crónica austeridad del Ayuntamiento
el dos mil doce. Quizá la secretaría de Hacienda la fundaron descendientes de
judíos, pues aparte de que no deja pasar nada, los intereses duelen más que la
chikungunya.
Esperemos no llegar al extremo que imaginó
un genio de Xalapa, de las tres opciones que
le quedarían a Tres Valles, la optimista, la pesimista y la que de plano
no tiene salvación.
La optimista contempla que se le vendería a
Tuxtepec, en cuyo caso se llamaría “Papaloapan del Norte” y se pagarían todas
las deudas. La pesimista propone que se le vendería a Cosamaloapan, sería
rebautizado como “Chacaltianguis del Oeste”, y se cubriría la mitad de lo que
se debe.
Y la que no le ve salvación al asunto, alega
que seguiría siendo Tres Valles, con su gobierno priísta. ¡En la torre!, dijo
el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Toma una cerveza, / paga lo que
debes”.

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