La piedra en el zapato,
azote de huleras y culebros.
Del muro de Trump.
Por Manuel Ábrego.
Seamos realistas, si por los gringos fuera,
ya hubieran construido un muro hace años o quizá siglos, muro que desde luego,
solamente hubiera dejado circular a la gabachada.
No podemos juzgar a otras naciones cuyos
ciudadanos emigran incluso a México, buscando en algún municipio un regidor o
hasta un alcalde que sean complacientes y les den papeles mexicas, pues lo
mismo pero de manera legal buscan nuestros connacionales en Gringolandia. No
juzguemos.
Pero sí se vería mal por ejemplo, Enrique
Peña Nieto proponiendo un muro para que no ingresaran los mortales de Guatemala
para abajo. Para empezar, hay tanta corrupción en México que si se hiciera el
muro, para costearlo iba a haber necesidad de despedir a medio Ejército y a
media Armada de México.
Volviendo al injusto muro de Trump, rey de la
injusticia, asombra la escasa cantidad de medidas o de argumentos que ha tomado
el Gobierno Mexicano. Tal parece que las autoridades desean que se construya.
Por supuesto que como el mexicano es mago
y es de goma, sobra gente que ya está pensando cómo pasar al País del Norte sin
problemas, y desde luego, cómo pasar al otro lado mediante alguna suma a
quienes lo deseen.
Porque el mentado muro va a ser como las
leyes mexicanas, que cuando se aprueban, aparte de que favorecen la corrupción
en su ámbito respectivo, también los expertos en violaciones ya saben cómo
violarlas. Quizá ésa sea la causa de que nuestro Gobierno no tome muchas
providencias.
Ya sea usando globos, submarinos,
convirtiéndose en fantasmas, con una catapulta, tirándose en paracaídas,
incluso disfrazándose de gringos, aunque llegando a los Estados Unidos saluden
con un “¿How do you do, patroncito?”, pero los mexicanos hallarán la forma,
cobrándola muy cara, desde luego.
El simple hecho de que Trump proponga y
exija que ese muro se construya, es un descenso hacia la animalidad disfrazado
de preocupación por lo de los gringos, su vida, sus empleos y pertenencias. Ni
Teodoro Roosevelt con su política del “Big Stick”, el Gran Garrote, llegó a
tanto.
Sin contar el chantaje al cual no
responden más adecuadamente desde el priísta Presidente Peña Nieto para abajo,
acerca de la intención gabacha de que nuestro País pague el costo.
Pongamos un ejemplo: entre el magisterio
sobran líderes que podrían convocar a un gran movimiento para obligar al
Gobierno Federal a tomar las medidas que a su vez hagan pensar a Trump. Y así
con otros sectores.
Pero no sucede. Ellos para
vivir cómodamente no necesitan cruzar la frontera y menos tratar con
“polleros”. Por lo pronto, ya hay la convocatoria para que los contratistas
concursen a ver cuál gana la construcción del muro. Se ha hablado incluso de un
concursante israelí.
Quizá un rabino venga desde Israel a
darles la bendición cuando inicien los trabajos. Ojalá no resulte como las
bendiciones que recibieron en Tres Valles candidatos, diputado y gobernador,
sino el muro se va a derrumbar solito.
A ver cuántos y cuáles mexicanos colaboran
para juntar bloques, cemento, piedras y demás artículos, y a ver cuándo
nuestras máximas autoridades les responden a los norteamericanos como se
merecen los promotores de la animalidad, de la vuelta a las cavernas.
Y sobre todo, si el resto de los mexicas
apoyamos cuando el Gobierno reaccione. Tenemos ejemplos: los cubanos aguantaron
cuarenta años de un bloqueo igual de injusto, peor que un muro, con acciones
militares incluso, recordemos Bahía de Cochinos.
Claro, Peña Nieto no tiene la grandeza de
Fidel Castro Ruz, ni nuestros muy mexicanos napoleones de petate la de los
comandantes Ernesto Guevara De la Serna, Camilo Cienfuegos y tantos otros que
lucharon y aguantaron. Pero algo ha de salir.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió
bailando, pero al ritmo de la música, ya que como dicen los cubanos, “Sin
música no hay ná”.


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