lunes, 21 de noviembre de 2016

La piedra en el zapato. Del Escuadrón Maternal.



La piedra en el zapato, azote de huleras y culebros.
Del Escuadrón Maternal.
Por Manuel Ábrego.
Dice un proverbio piadoso de los judíos, que “Dios no podía estar en todos lados, por eso creó a las madres”.
     Claro, se toma por el lado piadoso, pues El Señor está hasta en donde pensamos que no está. Incluso en los desfiles pésimamente organizados como el del reciente veinte de noviembre.
     Pero aparte del Divino Maestro, estaba también el Escuadrón Maternal. Progenitoras que marcharon al parejo de sus retoños por el recorrido íntegro del desfile, que esta ocasión se desarrolló bajo un clima clemente, pues ni llovió ni hacía calor excesivo.
     Las mamacitas, algunas remolcando con un brazo más infantes que la Marina Armada de México, cargando en otro brazo los pertrechos para quienes marchaban y para quienes remolcaban, incluso a veces jalando a un papá poco dispuesto, reforzaron a sus vástagos.
     Así fue como demostraron que ser madre es una enfermedad incurable, lo cual no se puede decir de los organizadores oficiales, pues si le echan ganas, se podrán curar de su enfermedad desorganizativa para los próximos eventos.
     Pero he aquí, que se repitió lo de años anteriores, pues empezaron tarde, dejaron enormes distancias entre los contingentes, no hubo sincronización en los tiempos de las ejecuciones de tablas, pirámides y demás.
    Se vio que mientras parte de los alumnos estaba en el parque, otros apenas salían de Flores Magón, lo que quizá se hubiera evitado de haberse presentado al menos un cerebro sincronizador de la Dirección de Educación.
     Alguien que sincronice todo lo relativo a las paradas. O sea, a los desfiles, que si al escribir usted busca en Microsoft Word un sinónimo de desfile, le dirá “parada”. No piense bien.
      Aparte de lo positiva que fue la presencia del Escuadrón Maternal, tanto los estudiantes de Bachilleres como los de las otras instituciones que ayer participaron dieron lo mejor de ellos. Como siempre, el CECYTEV se lució con sus movimientos deportivos y su caracterización de personajes históricos.
     Claro, con la tardanza de ayer, hasta Don Porfirio Díaz sintió demasiado prolongada la dictadura, al Madero se lo estaban comiendo las polillas y el campamento revolucionario ya estaba tramitando la tenencia de la tierra, por el tiempo invertido en ocuparlo.
     ¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “El veinte fueron estrellas: escuelas con chicas bellas, las madres con las botellas, de agua para todas ellas.
     Mamás de este Tres Valles, siguiendo por muchas calles, sus hijas de bellos talles, cual princesas de Versalles”.







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