La piedra en el zapato,
azote de huleras y culebros.
Del Escuadrón Maternal.
Por Manuel Ábrego.
Dice un proverbio piadoso
de los judíos, que “Dios no podía estar en todos lados, por eso creó a las
madres”.
Claro, se toma por el lado piadoso, pues
El Señor está hasta en donde pensamos que no está. Incluso en los desfiles
pésimamente organizados como el del reciente veinte de noviembre.
Pero aparte del Divino Maestro, estaba
también el Escuadrón Maternal. Progenitoras que marcharon al parejo de sus
retoños por el recorrido íntegro del desfile, que esta ocasión se desarrolló
bajo un clima clemente, pues ni llovió ni hacía calor excesivo.
Las mamacitas, algunas remolcando con un
brazo más infantes que la Marina Armada de México, cargando en otro brazo los
pertrechos para quienes marchaban y para quienes remolcaban, incluso a veces
jalando a un papá poco dispuesto, reforzaron a sus vástagos.
Así fue como demostraron que ser madre es
una enfermedad incurable, lo cual no se puede decir de los organizadores
oficiales, pues si le echan ganas, se podrán curar de su enfermedad
desorganizativa para los próximos eventos.
Pero he aquí, que se repitió lo de años
anteriores, pues empezaron tarde, dejaron enormes distancias entre los
contingentes, no hubo sincronización en los tiempos de las ejecuciones de
tablas, pirámides y demás.
Se vio que mientras parte de los alumnos
estaba en el parque, otros apenas salían de Flores Magón, lo que quizá se hubiera
evitado de haberse presentado al menos un cerebro sincronizador de la Dirección
de Educación.
Alguien que sincronice todo lo relativo a
las paradas. O sea, a los desfiles, que si al escribir usted busca en Microsoft
Word un sinónimo de desfile, le dirá “parada”. No piense bien.
Aparte de lo positiva que fue la
presencia del Escuadrón Maternal, tanto los estudiantes de Bachilleres como los
de las otras instituciones que ayer participaron dieron lo mejor de ellos. Como
siempre, el CECYTEV se lució con sus movimientos deportivos y su
caracterización de personajes históricos.
Claro, con la tardanza de ayer, hasta Don
Porfirio Díaz sintió demasiado prolongada la dictadura, al Madero se lo estaban
comiendo las polillas y el campamento revolucionario ya estaba tramitando la
tenencia de la tierra, por el tiempo invertido en ocuparlo.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió
bailando, pero al ritmo de: “El veinte fueron estrellas: escuelas con chicas
bellas, las madres con las botellas, de agua para todas ellas.
Mamás de este Tres Valles, siguiendo por
muchas calles, sus hijas de bellos talles, cual princesas de Versalles”.







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