La piedra en el zapato,
azote de huleras y culebros.
De los ediles que se
relevan.
Por Manuel Ábrego.
El popular “Beto”, Alberto Ocampo
Hernández, pidió licencia a su cargo edilicio.
Decisión respetable, pero de observarse,
pues si se llama a su suplente estipulado, Rafael Hernández Valdivia, y de
seguir las comisiones que le tocan como las llevaba Beto, le va a pasar lo que
al que le vio las “esas” al negro José, se las verá negras.
Aparte de que Ocampo es deportista de larga
ejecutoria, lo que hace difícil la sucesión para Hernández Valdivia, que no lo
es, está un hecho innegable: no todos los ediles ven bien al suplente. De seis,
la mitad si no totalmente en contra, si vería bien que no entrara a ejercer su
cargo edilicio.
Si agregamos que no representaría una
verdadera oposición, más bien don Rafael podría dejar solo al panista Jafet
Hilario Dávila, nos daremos una idea del panorama futuro de la administración
municipal.
No sería un caso nuevo, recordemos que el
“perredista” Rudi Guzmán Contreras se puso incondicionalmente a las órdenes de
J. M. Maus y dejó solo como oposición al panista Sergio Capetillo Contreras.
Hasta ahora hay en Palacio una armonía quizá
forzada, quizá de gente muy civilizada,
o quizá de gente que se dedica cada quien a lo suyo. En caso de que hubiera
cualquiera de las tres opciones, y de acuerdo a la Ley Orgánica del Municipio
Libre, se podría manejar que seis ediles gobernarían bien.
Lo más lógico, es que en una votación de
sesión de cabildo, cinco priístas le darían el voto a las iniciativas del buen
Nelson, o el sentido común de que el Pueblo merece el bienestar haría que los
seis que queden voten por la misma opción, con lo que la ausencia de Beto
estaría compensada.
Ni siquiera se aplicaría eso del voto de
calidad del presidente municipal en caso de empate. Dicho en más llano estilo,
Rafael Hernández Valdivia no les haría falta. Es feo escribirlo, pero es una
posibilidad.
Es más fea la otra posibilidad, que lo
llamen pero para ser incondicional del munícipe. Como dice el dicho de las de
acá, “Ya de por sí éramos muchos, y va pariendo la abuela”.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió
bailando, pero al ritmo de: “Para qué te llamo, / si ya te olvidé”.
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