La piedra en el zapato,
azote de huleras y culebros.
De los sueños guajiros.
Por Manuel Ábrego.
Soñé que el Chapo Guzmán ingresaba al
ayuntamiento en la Dirección de Obras Públicas.
Y se ahorraba al billete en grande. Para
empezar, las excavaciones para drenaje y agua potable nadie las veía, los
vehículos continuaban circulando en las calles afectadas, sin que nadie
sospechara que había un túnel debajo, ni siquiera los funcionarios municipales,
pues no se rompía el pavimento.
Los huecos que se hacían para entrar a la
obra sí causaron un problema, pues como ningún mortal se dio cuenta cuándo y
dónde se hicieron, y no tenían señalamiento, hubo quienes se cayeron en ellos, pero no quisieron demandar
por aquello del “no te entumas”.
Cuando le iban a pagar su quincena, no la
aceptaba y respondía que éso era lo que gastaba a diario. Como no pertenece a
MORENA o al PRI, no se daba sus vueltas en horas hábiles a la sede del partido a charlar con el consentimiento de sus jefes.
Ya venía desayunado, por si había que
correr, de forma tal que nunca cerraba con llave las puertas en la planta alta frente
a la iglesia a media mañana para consumir tacos. Por lo mismo, jamás se le vio
consultando catálogos de zapatos, ropa de moda o alhajas, o tomando con su
gente.
Ni porque era funcionario de importancia,
trataba de influir en las decisiones de la Comuna, pero sí les recomendaba que
los vehículos, especialmente la ambulancia, estuvieran siempre en buenas
condiciones mecánicas, por si las moscas.
Nunca permitió que la policía lo escoltara a
su casa por razones obvias, si bien argumentaba que hacían más falta en Tres
Valles para proteger a la Sociedad de los malosos. O hasta de los buenos, por
aquello de que “mejor con buenos robar, que con malos rezar”.
Y cuando desperté, el buitre todavía
estaba allí. ¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de:
“ya verás que se hace un túnel, / con los ojos de imaginación”.
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